Una respuesta ante la crisis: Sanar nuestra relación con el dinero

En los días en que nos ha tocado vivir, el dinero se ha convertido en motivo de preocupación para muchos. A nuestro alrededor, amigos, familiares y conocidos están perdiendo su trabajo, mientras muchos de los que lo conservan viven en la preocupación y el miedo de lo que puede depararles el futuro. Inmersos en esta situación de incertidumbre, a la que no estábamos habituados después de largos años de bonanza, nuestra angustia se incrementa aún más al leer las noticias económicas. Conceptos de los que muchos no habían oído hablar y que eran material para el conocimiento especializado, como la prima de riesgo o la situación de la banca, son ahora tema habitual de conversación. Juzgando por lo que se oye en la calle, existe una gran inseguridad respecto de nuestros ahorros y una actitud generalizada de victimismo. Cada día leemos historias que nos indignan sobre cómo los políticos han despilfarrado el dinero de los ciudadanos o como los banqueros se han aprovechado de la confianza de sus clientes para venderles productos de alto riesgo, lo cual nos lleva a buscar culpables y a exigir que éstos paguen por sus errores.

Si bien es importante que se asignen responsabilidades por los desmanes de los últimos años, también es cierto que simplemente buscando culpables y viendo los problemas fuera de nosotros no seremos capaces de salir de la situación en la que nos encontramos e impulsar estructuras económicas y sociales más humanas. Al fin y al cabo, las empresas no son más que una suma de individuos, del mismo modo que la sociedad donde vivimos no es más que el reflejo a gran escala de nuestras creencias y comportamientos individuales. Ello implica una manera muy distinta de ver el mundo, en la que pasamos de vernos separados y juzgando desde fuera, a vernos como un agente del cambio. En esta nueva visión, cada uno de nosotros es una parte importante del todo, de forma en que nuestras acciones y elecciones tienen un efecto la sociedad en que vivimos. Ello tiene una serie de consecuencias muy importantes:

Nos permite recuperar nuestro poder. Reza un viejo proverbio que no lo importante no es aquello que nos pasa, sino como reaccionamos a ello. Hay una gran diferencia entre verse a uno mismo como una víctima de las circunstancias, lo cual nos lleva a quejarnos y buscar la culpa fuera, a considerar dichas circunstancias como una llamada a cambiar y evolucionar. Nuestra economía está enferma porque nuestras creencias y comportamientos respecto del dinero ya no nos sirven. Individualmente, no podemos influir los mercados, pero sí podemos empezar a cambiar dichas creencias y establecer una relación más sana con el dinero. Si muchos de nosotros seguimos este camino, nuestras decisiones tendrán el poder de influir en la sociedad.

Nos ayuda a aprender de nuestros errores. Como sociedad y como individuos, podemos elegir esperar que las cosas se arreglen solas – como muchos vienen haciendo desde que empezó la crisis- o podemos decidir aprender de la experiencia y empezar a actuar de otro modo. Tomar nuestra responsabilidad nos permite ver como hemos contribuido a los problemas que nos asedian, lo que abre una puerta al cambio. Algunos pueden responder a esto que ni han especulado en los mercados, ni han vivido por encima de sus posibilidades y sin embargo ahora tienen que sufrir las consecuencias de ello. No estoy hablando de fustigarnos, ni de eximir a otros de sus responsabilidades, sino de ser sinceros con nosotros mismos. ¿Quién no tiene alguna creencia negativa sobre el dinero? ¿Quién no ha sentido alguna vez que las posesiones materiales son una medida de su valor como persona? ¿Quién no ha comprado algo por necesidad o simple disfrute, sino para engrandecer su ego? ¿Quiénes no hemos comprometido alguna vez nuestros valores por la seguridad material? ¿Cuántos de nosotros acumulamos posesiones que no necesitamos por miedo al futuro?

Nos capacita para acceder a nuestra creatividad. Examinar nuestras creencias y comportamientos limitantes respecto del dinero y la seguridad material, y como éstas han influido en nuestra experiencia vital, nos permite empezar a generar nuevos pensamientos, más basados en la abundancia, que nos llevaran a ideas o comportamientos a los que no teníamos acceso anteriormente. Por ejemplo, si mi creencia es que “necesito un sueldo regular para poder vivir”, me hundiré al perder mi trabajo y mi único objetivo será encontrar un nuevo empleo, aunque no esté de acuerdo ni con mis intereses ni capacidades. Si empiezo a creer que “tengo suficientes recursos y habilidades para vivir”, quizás pueda ver alguna oportunidad para abrir mi propio negocio o convertir alguna pasión o hobby en un medio de vida. En general, pensamos que nuestro destino es fruto de nuestras decisiones conscientes y de la suerte. Es difícil descubrir como nuestras creencias inconscientes rigen nuestra experiencia hasta que empezamos a poner luz en ellas y experimentamos en primera persona el impacto que ello puede tener en nuestra vida.

Al empezar a poner más conciencia en cómo nosotros mismos influimos en nuestra situación financiera, se abren otras muchas posibilidades para crear una relación más sana con el dinero:

No asignar al dinero cualidades o defectos que no tiene. El dinero es simplemente un medio de cambio, que nos sirve para manejarnos en el mundo y traer nuestras ideas y pensamientos a la realidad material. En sí mismo, no es malo ni es bueno, sino que eso depende de por quién y cómo se le utilice. Con dinero, se pueden llevar a cabo proyectos maravillosos para el progreso de la sociedad. Ideas como que “el dinero corrompe” o “el dinero no es espiritual” pueden estar en la base de nuestras dificultades económicas. De la misma manera, creer que las posesiones materiales son una medida de nuestro éxito, poder o valor como personas hace que asignemos al dinero cualidades que no le pertenecen y lo convierte en un fin en sí mismo. Esto, en mi opinión, es la causa fundamental de la deshumanización de la economía.

Confiar en nuestros recursos personales. Si pienso que mi seguridad depende del contenido de mi cuenta bancaria, no habrá cantidad de dinero que me permita sentirme tranquilo y viviré en una constante lucha por acumular más y en un constante miedo a perder lo que tengo (tristemente, la crisis ha demostrado que es posible que se esfumen inversiones que parecían totalmente seguras y ya ni los depósitos bancarios nos parecen certeros). Del mismo modo, si creo que mi libertad o independencia dependen del dinero que tenga, siempre querré ganar o tener más, y paradójicamente me convertiré en un esclavo del dinero en lugar de utilizar éste para mi disfrute. Sólo podemos tomar decisiones libres cuando creemos en nosotros mismos y en nuestros propios recursos personales. Entonces, podemos disfrutar de la vida en lugar de “ganarnos la vida”.

Poner nuestro dinero allí donde están nuestros valores. Es importante analizar nuestra relación con el dinero, que incluye cómo lo ganamos, en qué lo utilizamos y cómo lo ahorramos. Esos patrones nos pueden dar mucha información sobre nosotros mismos. Es el momento de hacerse preguntas poderosas: ¿Gasto el dinero en cosas que me apasionan y que me acercan a mis valores, o lo utilizo para mantener las apariencias y competir con mis familiares y conocidos? ¿Sacrifico cosas que siempre quise hacer por tener un coche o una casa más grande o más ahorros en el banco? ¿Qué me dice mi trabajo o mis ingresos sobre la valoración de mi mismo? ¿Podría vivir con menos dinero pero con otras cosas que valoro como tiempo para mis hijos o libertad para mi mismo? ¿Invierto mis ahorros con conciencia, o simplemente quiero que me paguen el máximo posible? Al decidir sobre inversiones, ¿sigo los consejos de algún amigo o del director del banco o me preocupo de formar mi propia opinión? En las respuestas a esas preguntas y a otras muchas, no hay reglas fijas. La respuesta adecuada depende de lo que cada uno valore en su vida, de donde estén sus pasiones y aquello que le da mayor felicidad.

Y ya por último, aunque no por ello menos importante:

Protegernos de las malas noticias. Esto más que un consejo puede parecer una utopía en la situación en que estamos, bombardeados con noticias preocupantes referentes a la economía y los mercados. En este entorno, es todavía más importante aislarse si queremos mantener una actitud positiva y con esperanza en el futuro. Ello no significa que no estemos informados de lo que pasa. Sin embargo no hace falta leer toda la prensa económica, ver los programas televisivos sobre el tema y hacerlo base de la mayoría de nuestras conversaciones. El miedo es una de las emociones más contagiosas, y una de las que más nos limitan y paralizan en nuestra vida, con lo que buscar otras distracciones y temas de conversación puede ser una buena protección. Ante la gravedad de la situación, podemos elegir ver la botella medio llena. Todavía hay puestos de trabajo vacantes, existen oportunidades de negocio, hay compradores y vendedores para inmuebles… y lo más importante, muchas personas están esforzándose en dar alternativas y crear nuevas estructuras económicas más humanas.

Publicado en el blog de El Factor Humano (Burgos) en Junio de 2012


2 thoughts on “Una respuesta ante la crisis: Sanar nuestra relación con el dinero

    1. Muchas gracias por tu comentario Beatriz. No he leido ese libro, y aún así me gustaría hacer una puntualización. Muchos libros de ese tipo lo que recomiendan es invertir para hacerse millonario y a partir de eso conseguir libertad e independencia. En mi opinión, la libertad viene de seguir tus sueños y vivir una vida plena, lo cual no tiene porque pasar por hacerse rico a toda costa. Puede referirse simplemente a permitirte cobrar un precio adecuado por hacer aquello que amas. También, creo que es importante tener en cuenta nuestros valores a la hora de invertir nuestro dinero, de forma que lo hagamos con conciencia y sabiendo qué actividades estamos promoviendo con nuestras inversiones. Eso es algo que tiende olvidarse cuando el único objetivo es la rentabilidad económica. En todo caso, tienes razón, la actitud es fundamental!

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