¿Quieres conseguir la libertad financiera?

Últimamente, muchas personas llegan a mis sesiones de coaching buscando que les ayude a conseguir lo que denominan “la libertad financiera”, es decir la posibilidad de acumular el dinero necesario para no tener que depender de su trabajo. Están convencidas de que lo que les impide acceder a esta posibilidad es su desconocimiento de los mercados financieros, lo cual les resulta frustrante. Algunas incluso han intentado aprender el funcionamiento de la bolsa e imaginan que, dada mi experiencia profesional, podré decirles en qué tipo de acciones o productos invertir para lograr el tan deseado objetivo de hacerse ricas.

¡Poder vivir sin tener que trabajar, haciendo todo aquello que siempre hemos anhelado!: viajar a otros países, leer los libros que tenemos esperando por años en la estantería, ponernos en forma, dedicarnos a nuestras inquietudes espirituales… Eso es algo que nos atrae a todos. Oímos de todas esas personas, millonarias, que viven de rentas, y nos preguntamos ¿por qué no podría yo ser uno de ellos? En realidad sería un sueño que mi dinero pudiera trabajar por mí, dejándome al fin el tiempo y el espacio con el que hacer todas esas cosas para las cuales no tengo ni el momento ni la energía al fin de mi apretada vida laboral.

Han sido mis conversaciones con esas personas que, hartas de su trabajo y/o de la perpetua sensación de que no tienen tiempo, buscan que acumular dinero las haga libres, las que me han llevado a escribir estas líneas. Observo que, en algunos casos, el creer que podrían organizar su vida de otra manera si entendieran cómo funciona la economía y supieran cómo lo hacen aquellos que sí tienen ese conocimiento, se convierte casi en una obsesión. Seguir su objetivo las lleva a verse atraídas por todo tipo de esquemas piramidales y posibilidades de conseguir lo que llaman “ingresos pasivos”, es decir, que el dinero les llegue sin tener que dedicar demasiado tiempo u esfuerzo a conseguirlo. Eso puede tener varias consecuencias nocivas:

Genera una gran sensación de incertidumbre. Cuando pregunto a las personas cuánto dinero necesitarían para sentirse tranquilos y no tener que trabajar, sin excepción me responden que nunca se han planteado hacer este cálculo. Ciertamente, no se trata de un cómputo sencillo, pues aparte de requerir una sincera evaluación de qué nivel de vida aspiro a mantener y cuánto va a costar en términos monetarios, incluye una serie de variables futuras desconocidas como qué va a pasar con los precios, cuáles van a ser mis necesidades o qué rendimiento puedo esperar de mis inversiones. Ciertamente, no es muy atrayente dejar de trabajar y no poder hacer nada de lo que te gusta porque no te lo puedes permitir. Esta incertidumbre lleva a la creencia de que hay que acumular cuánto más dinero mejor, por lo que pueda pasar en el futuro.

Convierte el dinero en un fin en sí mismo. El asociar dinero con libertad, paradójicamente puede convertir al dinero en un fin en sí mismo y a nosotros en sus esclavos. Eso nos conduce irremediablemente a la codicia y al miedo. Tristemente, este es el patrón que muchos de nosotros criticamos cuando lo vemos actuar a gran escala en el funcionamiento de los mercados financieros. Pese a la gran cantidad de dinero disponible actualmente, la economía sigue enferma porque éste no circula o se destina a actividades especulativas que no crean ninguna riqueza para la sociedad. Mucho de lo que se denomina “ingresos pasivos” no es más que una variación o un nombre distinto para operaciones de este tipo o para rentas derivadas de esquemas piramidales.

Nos quita nuestro poder. Desde el comienzo de la crisis, muchas personas critican a los mercados y a los inversores y los hacen responsables de todos los males de la sociedad. Curiosamente, algunas de estas mismas personas, en el momento de plantearse como invertir sus ahorros, no se cuestionan en ningún momento de donde viene la rentabilidad de los productos financieros que contratan y no tienen ni idea de qué inversiones o maneras de operar hay detrás de éstos. Es oportuno recordar que los mercados no son algo lejano, sino que nosotros también contribuimos a ellos cada vez que contratamos un depósito bancario o un fondo de inversión o compramos acciones o bonos de una empresa o gobierno. Nuestra ignorancia a la hora de invertir nos quita el poder de usar nuestro dinero para crear la sociedad que queremos y nos puede hacer cómplices de esos comportamientos que despreciamos y criticamos.

Además de todo esto, detrás del anhelo de obtener la “libertad financiera”, casi invariablemente se esconden todo tipo de creencias limitantes, que muchos hemos heredado de nuestras familias y que subyacen fuertemente detrás de nuestra cultura. La más extendida es que el trabajo es una carga, algo indeseable y que nos hace sufrir, si no “no te pagarían por hacerlo”. Al dar la vuelta a esta idea, llegamos a la convicción de que no se puede llamar trabajo a aquello que nos apasiona, nos llena y nos gusta hacer, y lo más importante: no podemos cobrar por ello, eso sería casi inmoral. Por lo tanto, el dinero tiene que venir de otras fuentes, de forma que tengamos la libertad para dedicarnos a las actividades que dan sentido a nuestra vida. Esto puede generar dos efectos:

Minusvalorar nuestros mejores dones o contribución. Muchas veces he oído el comentario “si tuviera dinero, podría ayudar a otros sin cobrar”. Eso esconde una gran paradoja, pues al querer dar gratuitamente lo mejor que tenemos, nosotros mismos lo estamos infravalorando. No estoy diciendo que nos volvamos completamente egoístas o que siempre busquemos nuestra retribución. Sin embargo, cuando regalamos persistentemente nuestros dones, conducimos a los otros a no valorarlos y además les quitamos la oportunidad de correspondernos, de forma que haya un intercambio equilibrado entre el que da y el que recibe. Eso me recuerda mis primeras sesiones de coaching, por las que cobraba un precio simbólico. Me llegaron tantos clientes que venían por simple curiosidad y que por tanto, no estaban comprometidos con hacer ningún cambio en su vida, que llegué a dudar de mi propia capacidad. Si no estamos convencidos sobre esto, sólo tenemos que hacernos una pregunta a nosotros mismos: ¿Valoramos igual las cosas cuando nos suponen un esfuerzo económico o de otro tipo que cuándo nos las dan gratis? ¿Les ponemos el mismo interés?

Impedirnos acceder a nuestra creatividad y confianza. Muchas personas buscan obtener más riqueza porque no les gusta su trabajo (o su negocio o profesión), o porque no creen que puedan incrementar los ingresos procedentes de éste. Por ejemplo, quieren aprender a invertir en bolsa y gastan en ello energía que podían utilizar en buscar esa ocupación que les daría mayor plenitud o en poner en marcha iniciativas para cambiar su vida laboral o ganar más haciendo lo que aman. Si bien creo que es necesario entender los productos en los que invertimos, también opino que hay que ser realista. Considero un poco iluso pensar que voy a “jugar” en bolsa en mis ratos libres y me voy a hacer rico con ello. A no ser que la bolsa sea mi pasión o un hobby que disfruto, quizás sería mejor que me dedique a intentar ganar dinero haciendo aquello que se me da bien y deje mis inversiones en manos de profesionales. Por muchas reservas financieras o activos que tenga, al fin la verdadera confianza sólo puede venir de creer en mis capacidades, que es lo que único que tengo seguro pase lo que pase con la economía.

Ante los comentarios anteriores, algunos podrían decirme que quieren ser ricos para poder disfrutar de la vida, sin más. No hay nada de malo en ello y les deseo toda la suerte. Sin embargo, les diría dos cosas:

La abundancia es una actitud mental. Por mucho que nos digan ciertos libros y “gurús”, no hay fórmulas mágicas para hacerse rico. De hecho, muchos que han llegado a millonarios, también se han arruinado en el camino, algunos varias veces. Muchos también llegaron ahí porque perseguían un sueño o una pasión y se lanzaron a ello. A mayor recompensa, mayor riesgo, como en muchas áreas de la vida, no nos engañemos. En muchos de esos libros que explican los pasos a seguir para hacer dinero, no se habla de los riesgos que conllevan actividades como invertir en bolsa, y que conocemos bien aquellos que nos hemos dedicado a trabajar en los mercados. Además, si nuestra mentalidad es de escasez, posiblemente no llegaremos muy lejos con nuestras inversiones, o incluso peor, cuánto más acumulemos más miedo tendremos a perderlo. No hay persona más pobre que aquella que no disfruta su dinero ni lo utiliza creativamente, independientemente de la cantidad que tenga en el banco.

Todos necesitamos dar un sentido a nuestra vida. Personalmente, considero muchas de estas teorías sobre cómo hacerse rico, que algunos disfrazan de “pensamiento de abundancia”, como excesivamente materialistas. No es que ser millonario sea algo indeseable o que esté mal, con dinero se pueden hacer cosas maravillosas para el mundo y para uno mismo. Sin embargo, si esa es nuestra única finalidad, si no hay un “¿para qué?”, estaremos dejando de lado cuestiones más importantes y trascendentes. Todos, cuando estamos en un trabajo que no nos satisface, fantaseamos con lo que podríamos hacer con nuestro tiempo libre y nos convencemos de que podríamos vivir perfectamente sin trabajar. Eso me lleva a mi propia experiencia, cuando dejé mi trabajo como analista de bolsa en Londres. Soy una persona con infinitos intereses, que nunca se aburre, y sin embargo, después de los primeros meses de viajar y leer todos los libros que tenía acumulados, se empezó a apoderar de mí un indescriptible sentimiento de falta de sentido. Creo que se trata de algo muy humano, que muchos compartimos: la necesidad de ofrecer nuestra mejor contribución al mundo. Es de eso de lo que se deriva la verdadera abundancia, que no se mide solamente por lo material, sino por la sensación de plenitud que nos otorga.

Me gustaría acabar con un par de comentarios. El primero es que “libertad financiera” no equivale a libertad verdadera. Durante mi experiencia profesional, he conocido a mucha gente que ganaba grandes cantidades de dinero. Muchos de ellos, en lugar de tener tranquilidad, estaban totalmente preocupados en cómo lograr más, en cómo invertirlo y/o en que nadie les timara o robara. El segundo es que lo normal es que uno no se haga rico siguiendo cuatro reglas explicadas en un libro. También gracias a mi trabajo, me he relacionado con algunos de los mayores y más exitosos inversores del mundo. En todos los casos, ese éxito venía de dedicar muchísimas horas, y por tanto una gran parte de su vida, a su profesión.

En resumen, obtener la “libertad financiera” no es tarea fácil y la riqueza, lejos de dar tranquilidad, a menudo trae con ella preocupaciones añadidas. Ahorrar parte de nuestros ingresos, de manera que construyamos un fondo para potenciales eventualidades o para cumplir sueños en el futuro, es un objetivo muy loable. Sin embargo, si a lo que aspiras es a que el dinero te dé la libertad, te animaría a que te preguntes si estás mirando en la dirección correcta. La verdadera libertad nada tiene que ver con activos financieros o con el saldo de una cuenta corriente. Si reflexionas sobre qué es lo que en realidad estás buscando, podrías darte cuenta de que quizás la vida que quieres está mucho más a tu alcance de lo que hubieras imaginado.


6 thoughts on “¿Quieres conseguir la libertad financiera?

  1. Gracias por compartir tus experiencias personales y profesionales sobre el dinero. Son muy esclarecedoras. Reconozco perfectamente la asociación entre libertad y dinero de la que hablas en la sociedad y en mí misma. Con el enfoque de tu artículo se ven las cosas de otra manera. Enhorabuena por un punto de vista tan diferente sobre este asunto.

  2. Olga, estoy contigo en que libertad financiera no tiene nada que ver con mercados, bolsa, etc. Ser libre financieramente significa saber que todas tus necesidades están cubiertas justamente por el universo. Como dice Lynne Twist en the soul of money. Eliminando de nuestra mente esa sensación de escasez y de más es mejor.

    Y creo que cada persona debe primero definir su propia libertad financiera, que en definitiva es poder vivir con el estilo de vida que deseas (aquí menos es más) sin tener que preocuparte de generar ingresos o depender de nadie (estado, padres, hijos…) Y establecer los pasos. Tener un “cubo de seguridad” que cubra nuestros gastos durante 24 meses cuando suceden crisis como esta, nos da cierta tranquilidad y margen de maniobra, que se traduce en paz interior.

    Creo que si una persona desea realmente tener libertad financiera, sólo lo puede conseguir si realmente usa sus dones, su creatividad y vuelca todo su ser en hacer lo que realmente se le da bien y haciéndolo con el bien mayor en mente… cuanta más gente puedas ayudar, mejor.

    Además, tenemos que tener en cuenta que hay muchos tipos de libertad financiera… como digo en mis charlas sobre este tema, una persona puede sentirse tremendamente libre con 120.000 € en el banco que le generen 500-1000€ al mes, por poner un ejemplo. Mientras que otros nunca tienen suficiente. Hay que recordar que Menos es Más. Cuanto menos necesites más libre serás.

    En definitiva, haz lo máximo que puedas con lo que tienes ahora.

    1. Gracias Sophia por tu comentario. Estoy totalmente de acuerdo en que la libertad viene de usar nuestros dones y creatividad. Dices que hay distintos tipos de libertad financiera, pues algunas personas nunca tienen suficiente. Para mí, lo que eso indica es que ser libre no tiene nada que ver con la cantidad de dinero que tengas en el banco, sino con como te sientas contigo mismo. Gran recurso el libro ‘The soul of money’ de Lynn Twist, explica muy bien como las creencias de la sociedad nos limitan en el uso del dinero.

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