Cinco principios sistémicos para un negocio sostenible

El pasado fin de semana nos acercamos hasta la bonita zona vinícola de Toro, en Zamora, donde tuvimos la oportunidad de visitar algunas bodegas.  En mi caso, además de aprender sobre un negocio que es también un arte, antiguo y cercano a la tierra, pude apreciar las diferencias en los modos de hacer de las empresas que conocimos.  La charla que tuvimos con un enólogo de una de las bodegas, precisamente la de menor producción aunque también la de mejor reputación, me resultó especialmente inspiradora.  La filosofía que nos transmitió me pareció un perfecto ejemplo de cómo basar un negocio en sólidos principios sistémicos, que aseguren su sostenibilidad, y de que eso no está reñido con la rentabilidad y la estima del cliente, sino todo lo contrario. A continuación resumo esos principios, que pueden servir de guía para cualquier iniciativa empresarial:

  • Cuidado de la tierra. En el negocio vinícola, esta visión consiste en dejar a la naturaleza que actúe según sus propios ritmos, sin ayudarla con químicos o añadiendo agua de riego.  Eso hace a los suelos más sostenibles y a las viñas más fuertes, pues sus raíces llegan a niveles profundos del suelo.  Cultivar según los criterios de la agricultura orgánica tiene un mayor coste, que no redunda en beneficios inmediatos, y por lo tanto no casa con la idea de “maximización del beneficio”  tan prevalente en nuestro sistema económico.  Sin embargo, el resultado es doble: un producto de calidad, fiable y apreciado por los clientes, y la sostenibilidad de los terrenos en el largo plazo, algo muy importante cuando la base del negocio son viejas cepas, algunas centenarias.  En contraposición, me viene a la cabeza el resultado de la reciente crisis financiera, donde la idea de maximizar el beneficio a corto plazo a cualquier coste engordó durante un tiempo las carteras de unos pocos, con un resultado desastroso y un alto precio para la mayoría.
  • Respeto al ser humano. Mi opinión es que tratar a los empleados con respeto y confianza va a llevarles a sentirse parte de la empresa y ofrecer a ésta lo mejor de sus cualidades y motivación.  Ver a alguien dispuesto a abrirnos unas instalaciones vacías a primeras horas de un sábado, hablando con tanta convicción y pasión de su trabajo, fue una prueba viviente de esta teoría.  Nos explicó con emoción de como nada más llegar a la empresa, muy joven, se le dio la responsabilidad de hacerse cargo de uno de los vinos.  Para mí esa es la verdadera confianza, la que se apoya en ver el potencial de las personas, no en sus logros ya demostrados. Una estrategia muy distinta de la que cada vez es más habitual en muchas compañías: reducir al máximo los salarios aprovechando las circunstancias económicas, tratando a las personas como si fueran simplemente otra mercancía de la que se puede disponer a voluntad, y reduciendo su dignidad y humanidad a medidas de “mercado”.
  • Compromiso del propietario. Una forma de hacer basada en el respeto de las personas y del medio ambiente posiblemente va a resultar en mayores costes de producción y unos salarios o beneficios laborales más altos que los de la competencia.  La tentación de “tomar atajos” para incrementar beneficios, aunque ello redunde en la calidad de producto, puede ser muy alta. Para que los “valores” sean la brújula por la que guiarse al tomar decisiones, hace falta que el propietario o propietarios estén comprometidos con ellos y con la sostenibilidad de la empresa.  Un requisito imprescindible es que el negocio les importe y que puedan recoger los frutos de esa estrategia en el largo plazo.  En el caso que nos ocupa, eso es posible por tratarse de un negocio familiar, donde existe un compromiso que se extiende a varias generaciones.  En contraposición, recuerdo la visión de muchos accionistas de compañías cotizadas en la bolsa. La implicación de éstos en la gestión de esas empresas ha tendido a ser cada vez menor y su plazo de inversión cada vez más reducido, en muchos casos simplemente de unos días.  Cuando la inversión se convierte en especulación es fácil ver a la empresa como un medio para obtener beneficios rápidos en lugar de como un proyecto vital al que cuidar y con el cuál ofrecer lo mejor de nuestros dones al mundo.  Esto último no significa renunciar a los beneficios, sino convertirlos en la consecuencia del trabajo bien hecho, y por lo tanto hacerlos duraderos en el tiempo.
  • Ocupar el propio lugar.  Honrar nuestros orígenes es un importante principio sistémico, que en la empresa implica recordar al fundador y a su idea e inicios, por muchos cambios que se hayan producido en el tiempo.  Reconocer de dónde venimos nos permite ser fieles a nuestros principios, mantenernos en ellos independientemente de las modas y reconocer nuestras limitaciones, en definitiva asumir el lugar que nos corresponde en relación a la competencia.  En mi ignorancia del mundo del vino no sabía que se rige por modas que afectan a todos los aspectos de la producción.  Como en otros negocios, seguirlas puede ayudar a aumentar las ventas en el corto plazo.  Sin embargo, el riesgo es perder la propia esencia, querer pretender ser lo que uno no es y perder así a los más fieles clientes.  La humildad y la sencillez, aunque parezcan debilidades, pueden también convertirse en el mayor activo de una iniciativa empresarial.
  • Conexión con la vida. Me encantaron las palabras del experto enólogo, y también ingeniero:   “el  vino es un ser vivo” y por lo tanto “este trabajo no es una ciencia.  Se pueden hacer cálculos y seguimiento, y sin embargo es muy importante utilizar la intuición”.  Esto, en mi opinión, no es exclusivo de este negocio, sino extensivo a cualquier emprendimiento donde un grupo de humanos ofrece productos y servicios a otros humanos.  Por mucho que nos quieran convencer las ciencias sociales como la economía de que se puede predecir el comportamiento del hombre, el ser humano es un misterio y sus instituciones son organismos vivientes.  En un entorno cada vez más cambiante, alimentar esa conexión, ser capaz de utilizar capacidades como la emoción y la intuición, va a ser cada vez más importante para la supervivencia de cualquier negocio.

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